Lucía
Despierto con un dolor agudo en la espalda.
El sofá de la habitación no es cómodo, pero me las arreglé para dormirme después de varias horas en vela.
Parpadeo, confundida al principio, pero al girarme y ver a Nicolás en la cama, todo cobra sentido.
Me levanto de inmediato, ignorando las punzadas en los músculos, y me acerco a él.
Sus pequeños ojos marrones están abiertos y fijos en mí, y una sonrisa leve aparece en su rostro cuando me acerco.
—Buenos días, mi ángel —le digo, acariciando