Lucía
La camioneta se detiene frente a la inmensa verja de hierro forjado, y siento cómo mi estómago se contrae.
Esto es real, Lucía. Estás aquí, en un lugar desconocido, con un hombre que apenas conoces, confiando ciegamente en que cumplirá su parte del trato.
—¡Mami, mira! —La voz excitada de Nico me devuelve a la realidad, grita mientras señala los altos muros que rodean la mansión—. ¡Es como un castillo!
En eso mi pequeño tiene razón.
Nunca antes había visto una mansión de tal magnitud más