Mundo ficciónIniciar sesiónAitana es una joven de 23 años, nacida en un pequeño pueblo donde todos la conocen como una chica dulce, reservada y soñadora. Sin embargo, en su interior, arde un fuego que nunca ha sabido cómo expresar. Cuando se muda a una pequeña ciudad para comenzar de nuevo, se encuentra con Iván, un hombre atractivo, enigmático y peligroso, que la arrastra hacia un mundo de deseo que nunca imaginó.
Leer másEl sonido del tren deslizándose sobre los rieles la mantenía en trance. Aitana miraba por la ventana, observando cómo el paisaje de su pequeño pueblo desaparecía, cediendo espacio a la incertidumbre de la ciudad.
Con sus 23 años, Aitana, una chica de piel clara, ojos verde agua, cabello largo y castaño con reflejos dorados, decidió mudarse desde su pequeño pueblo donde la conocían por ser una chica dulce, reservada y soñadora, hacia una pequeña ciudad en busca de nuevas aventuras. Cuando más cerca estaba de su nueva vida, su corazón latía cada vez más rápido. Siempre había soñado con algo más, con un mundo que fuera más grande que las calles estrechas y las miradas curiosas de sus vecinos. Ahora, ese mundo estaba a su alcance. Solo faltaban unos minutos y por fin sería libre. Cuando por fin llegó a la ciudad, la brisa nocturna le acarició la piel. No conocía a nadie, pero había algo en esa sensación de anonimato que la hacía sentir libre tal cómo siempre había deseado. Por fin había conseguido su objetivo, poder salir de su zona habitual y descubrir un nuevo mundo donde esperaba encontrar muchos secretos y misterios para resolver. Caminó hasta su nuevo apartamento, un lugar modesto pero acogedor, sin saber que esa misma noche su destino cambiaría para siempre. Después de deshacer las maletas, Aitana decidió ir a dar una vuelta por esas calles tan misteriosas y tranquilas. Todo estaba aparentemente vacío, sin ruidos extraños ni nadie por la calle. Cómo si fuesen altas horas de la noche. Pero de repente, vio algo que le sorprendió y decidió acercarse. El bar tenía un aura electrizante, con luces tenues y una música que vibraba en su piel. Sus pasos inseguros la llevaron hasta la barra, donde un hombre la observaba con intensidad. Esos ojos oscuros penetrantes, eran de Iván, el dueño del bar. Con su cara fina y dulce, mostró una sonrisa en sus labios, debajo de esa barbilla de dos días. —No te había visto antes —dijo él, con voz profunda. Aitana sintió que el aire se volvía denso. Algo en él la atraía y la inquietaba a la vez. — Me llamo Aitana y me acabo de mudar, —respondió, con una sonrisa tímida. Iván, un chico alto, de complexión fuerte, mirada penetrante y barba de días, apoyó un codo en la barra y la miró de arriba abajo con una calma que la hizo estremecer. —Entonces, bienvenida Aitana, yo soy Iván. Pero ten cuidado… la ciudad puede ser peligrosa para una chica como tú. Ella arqueó una ceja, su lado desafiante despertando sin darse cuenta. —¿Y qué tipo de chica soy? La sonrisa de Iván se amplió. Se inclinó ligeramente hacia ella, su aliento acariciando su piel. —Una que aún no sabe de lo que es capaz. Aitana sintió un escalofrío recorrerle la espalda. La tensión y el nerviosismo se puso dentro de su suave piel mientras lo miraba con ojos tímidos pero a la vez tentadores. No sabía si lo que acabava de pasar era era advertencia o promesa, pero de algo estaba segura: esa noche, su vida acababa de cambiar.El estruendo llegó primero como un rugido distante. Luego, como un temblor bajo los pies de Aitana. Estaban en el refugio improvisado, un sótano oculto tras una vieja librería en el corazón industrial de la ciudad. Iván afilaba su mirada contra la oscuridad, como si pudiera ver a través del concreto.—¿Lo sientes? —dijo ella, apenas un susurro.—Sí. Están dentro. Tomás lo logró.Aitana se acercó, las manos apoyadas en el marco de la ventana rota. Los gritos que venían de las calles eran lejanos… pero algo más inquietante se acercaba: el silencio que seguía a cada estallido.—¿Qué hacemos?—Nos movemos. Natalia está allí dentro. No podemos dejarlos solos ahora.—¿Y si es una trampa?Iván la miró. En su rostro, por primera vez, había algo parecido al miedo. No por él… por ella.—No quiero perderte, Aitana.Ella lo besó. Breve. Firme.—Entonces no lo hagas.---Al otro lado del complejo, Tomás sostenía a Natalia por la cintura mientras cruzaban un pasillo inundado de humo. Detrás de ello
El humo aún no se disipaba cuando Tomás cruzó la puerta destruida. El aire estaba cargado de electricidad y metal quemado. Del otro lado, un corredor amplio, blindado, con pisos brillantes que reflejaban las sombras como cuchillas.—Zona central de seguridad —dijo Ana, escaneando con su visor—. Están esperándonos.Como si sus palabras fueran una orden, las luces comenzaron a parpadear. Y luego… un pitido agudo.Tomás levantó el puño, y todos se agacharon justo antes de que una ráfaga de metralla automática emergiera desde los muros. Dos segundos de fuego implacable. Después, silencio.—Sensores activados por presencia. Siguen con juegos viejos —gruñó Tomás.—¿Desactivamos? —preguntó el especialista.—No. Que sigan creyendo que controlan el tablero.Avanzaron rápido. Precisión quirúrgica. Dos enemigos en el pasillo: abatidos sin una palabra. Uno intentó activar una alarma. Ana le disparó directo al brazo y luego a la garganta. Cero margen. Cero remordimiento.El equipo llegó al núcleo
Tomás apoyó las manos sobre la vieja mesa de guerra del refugio abandonado en las afueras de la ciudad. Mapas, pantallas, transmisiones interceptadas. Las coordenadas que el enemigo acababa de filtrar no eran un simple anzuelo: era una declaración de guerra.—Ya cayó Natalia —dijo Ana, su especialista en comunicaciones, con voz apagada—. El rastreador se detuvo. Está en su red.Tomás apretó la mandíbula.—¿Y Aitana e Iván?—Siguen en movimiento. Están cerca del núcleo subterráneo… pero si suben, caerán directo en la trampa.Tomás se pasó una mano por el cabello. El rostro serio, los ojos cargados de culpa. Él sabía que esta misión estaba maldita desde el principio. Pero Natalia era su hermana de armas. Su familia.Y nadie tocaba a su gente sin pagar.—Convoca al equipo beta —ordenó—. Quiero cinco hombres, sin ruido. Entramos por el conducto norte. Ese que Natalia y yo dejamos activo hace años. No está en sus registros.—¿Y si nos interceptan?—Entonces improvisamos. Pero no vamos por
La oscuridad se cerró sobre Natalia segundos después de empujar a Aitana. El gas la envolvió rápido, entre ácido y narcóticos. Con lo que Luchó por mantener los ojos abiertos, pero fue inútil. Lo último que vio fue la sonrisa del hermano que creía muerto.Y luego… silencio.Despertó atada, pero viva. Sus muñecas estaban amarradas con correas frías de metal, los tobillos igual. Frente a ella, una sala amplia, revestida en madera y piedra, como una vieja oficina militar subterránea. Una chimenea encendida. Multitud de Libros. Fotografías. El aire olía a humo y cuero.Y ahí estaba él.Sentado en un sillón de respaldo alto, vestido con un traje gris, cruzando las piernas con elegancia. El hombre que una vez fue su superior. Su mentor. Quién le iba a decir que años después estarían enfrentados y apunto de destruirse el uno al otro.- Tu… - Dijo Natalia al padre de Iván.—Natalia… —dijo con voz suave, como si le hablara a una hija rebelde—. Qué decepción tan… predecible.Ella lo miró con as





Último capítulo