La mañana llegó con ese tipo de luz que se filtra entre las cortinas como una disculpa tímida. Me encontré despierta antes del amanecer, con los ojos fijos en el techo y la sensación de sus labios aún hormigueando en los míos. El beso de la noche anterior había abierto una compuerta que llevaba años sellada, y ahora las emociones fluían sin control, inundándome por dentro.
Me levanté sin hacer ruido y me dirigí a la cocina. La casa dormía en ese silencio especial que precede al despertar de un