Encontré a Christian exactamente donde esperaba —inclinado sobre el escritorio de la oficina, rodeado por pilas de papeles, reportes y contratos. Estaba tan concentrado que ni siquiera se dio cuenta cuando entré cargando una bandeja con almuerzo.
—Si no es por mí, no vas a acordarte de comer —dije, colocando la bandeja en un espacio libre del escritorio.
Christian levantó la cabeza, parpadeando algunas veces como si estuviera volviendo a la realidad.
—Gracias —dijo, sonriendo mientras observa