Ariadna salió del hospital sintiendo que el aire le faltaba. Las palabras de su madre seguían dándole vueltas como un zumbido molesto: "Estás buscando refugio en el incendio que nos quemó". En la acera, el auto negro enviado por Dante la esperaba. Iván, el chofer, bajó la ventanilla con gesto impasible.
—Hola, Ivan. gracias por venir al hospital a recogerme.
—No me agradezca, señorita, es mi trabajo.
—Gracias de igual forma. —dijo sonriendo levemente— te daré una dirección, es de mi departament