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Ariadna se quedó profundamente dormida poco después de beber el jugo que su madre le entregó. El cansancio acumulado y el efecto de los fármacos la arrastraron a un sueño pesado y sin imágenes. Mientras ella descansaba, la habitación quedó en un silencio sepulcral, solo interrumpido por el eco de los pasos de Miles y Elena al salir y cerrar la puerta tras de ellos.

Pasaron las horas. La luz del sol empezó a desvanecerse tras los altos árboles del jardín, tiñendo las paredes de la habitación con
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