El despertar fue abrupto. Ariadna abrió los ojos en la oscuridad total de su habitación, con el corazón martilleando contra sus costillas como un animal enjaulado. El silencio de la mansión era denso, interrumpido solo por el zumbido lejano del aire acondicionado.
Aún podía sentir el eco de su sueño. Había estado en un jardín luminoso, rodeada de flores blancas y risas, celebrando el baby shower de su hija Amelia. Recordaba el peso de su vientre, la calidez de la mano de Dante sobre su piel y l