—Y esta noche, cuando ese bastardo venga a buscarte… va a entender lo que se siente perderlo todo.
El hombre agitó el arma con ligereza, como si fuera un juguete nuevo. El brillo metálico atravesó la penumbra del cuarto y se clavó en los ojos de Valentina. El pánico le recorrió el cuerpo como una descarga eléctrica. Tiró de la cadena con fuerza, desesperada, sintiendo el metal hundirse en su piel. La muñeca le ardió, la carne se abrió apenas, pero no dejó de intentarlo.
Él soltó una carcajada.