—Eso no existe —dijo ella, levantando la voz, pero cada sílaba salió cargada de temblor—. Esa cláusula no existe.
Sebastián la miró fijamente. —Existe ahora.
El aire pareció desaparecer.
Valentina sintió que algo se fracturaba dentro de su pecho. El hombre que la había salvado era el mismo que ahora estaba construyendo una jaula a su alrededor solo porque podía y tenía el poder de hacerlo.
—No puedes inventar reglas cada vez que algo no te gusta —susurró conteniendo un nudo en su garganta.
—N