Valentina despertó lentamente.
Al principio, no supo si estaba viva o atrapada en algún tipo de limbo. Todo era blanco. Un blanco tan intenso que dolía. Cerró los ojos de inmediato, pero incluso con los párpados cerrados la luz seguía ahí, filtrándose como agujas.
Respiró hondo, pero el aire entró con dificultad, rasposo, como si su garganta estuviera inflamada. Cada inspiración era un recordatorio de que su cuerpo seguía resentido. Escuchó un sonido constante, metódico, que marcaba el tiempo c