El invierno en las tierras altas del Norte poseía una belleza salvaje y eterna, pero tras seis años, el paisaje parecía haber cobrado una madurez distinta. Los densos bosques de pinos y abetos de la propiedad Blackwood estaban cubiertos por una gruesa capa de nieve blanca que brillaba bajo un sol tímido. El viento soplaba con fuerza, golpeando las imponentes estructuras de piedra oscura del castillo familiar, donde las chimeneas permanecían encendidas día y noche, inundando los pasillos con el