La llegada a la capital no tuvo la calidez de un hogar, sino la frialdad de una nueva etapa de su farsa. La mansión de los Blackwood, una imponente estructura de piedra gris que había pertenecido a la familia durante generaciones, los recibió con el personal formado en fila y las chimeneas encendidas. Sin embargo, en cuanto los pies de Alistair tocaron el suelo, su mente ya estaba a kilómetros de allí, en el palacio real.
Elowen, con el rostro pálido y los huesos doliéndole por el tortuoso viaj