Capítulo 32.

Capítulo 32.

¡Oh, Dios mío!

Abrí los ojos y lo primero que pensé fue: ¿Qué es lo que he hecho?

Estaba desnuda. En su cama. Con su brazo aún apoyado sobre mi cintura, como si eso fuera lo más normal del mundo. Como si anoche no hubiera pasado nada fuera de lugar. Como si dormir así fuese parte del acuerdo, que lo era… pero yo no lo quería cumplir.

Me quedé inmóvil. Tenía el estómago encogido, el corazón desbocado y la garganta cerrada. No me atrevía a moverme, pero tampoco podía quedarme así
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