La sangre de Luka estaba en mis manos.
Literalmente.
Su cuerpo temblaba sobre el suelo, los dedos cubiertos de cables rotos y trozos de teclado, como si hubiese intentado codificar hasta su último aliento. El cristal de la pantalla frente a él seguía parpadeando con una línea de comandos abierta y una palabra incompleta: final…
—Luka, por favor, mírame —le rogué, arrodillándome junto a su torso cubierto de sangre.
Sus labios, partidos y secos, se curvaron apenas en una sonrisa amarga. Estaba de