Un Nuevo Alfa
Escena I: La Calma en el Ojo de la Tormenta
Elías despertó con la sensación más reconfortante y familiar que había conocido en su larga vida: el peso cálido del cuerpo de Ariadna anclado al suyo. El sol, aunque aún débil, lograba filtrarse por las pesadas cortinas de terciopelo de su alcoba privada en el complejo, pintando la pared con franjas de oro pálido y sombra. No era una mañana de alarma, no era un ritual de dolor, ni una emboscada en el bosque. Era simplemente un nuevo día