La Desterrada
El aire de la habitación era denso y dulce, perfumado por las hierbas medicinales y la tenue luz dorada del atardecer que se colaba por las cortinas de lino. Habían pasado tres días desde la intensa revelación de Nikolai en la Sala del Concilio, y la calma, aunque frágil, había regresado al corazón de la manada. Elías apenas se había apartado del lado de Ariadna, su presencia fuerte y constante era el único bálsamo que ella necesitaba.
Ariadna se encontraba sentada en la cama, apo