El aire en el opulento salón se había vuelto tan denso que podía cortarse con un cuchillo. La música, antes una melodía elegante, se detuvo abruptamente, dejando un silencio ensordecedor que amplificó el resonar de cada palabra. Elías, con la perfecta fachada de impasibilidad rota en mil pedazos, sentía que su mundo se venía abajo con la llegada de Ariadna de la mano de Kiam. Su rival, el traidor que había intentado destruir su manada, estaba allí, sonriendo con arrogancia y reclamando a la muj