Elías Thorne se quedó inmóvil en el centro del salón de baile, el silencio a su alrededor era más ensordecedor que cualquier grito. La gente, en un bochorno colectivo, se dispersaba, dejando solo a los miembros del Consejo de Ancianos, la élite de su manada, con sus rostros arrugados por la decepción y el reproche. El líder del consejo, un anciano de cabello plateado llamado Tiberio, se acercó, sus ojos de un azul pálido, casi translúcidos, fijos en los de Elías.
—Has deshonrado a la manada, El