CAPÍTULO CUARENTA (Marion) Haz lo que te digo.
Se quedó completamente inmóvil debajo de mí.
—No —dijo.
—Dilo —dije, y volví a penetrar, lenta y deliberadamente, sintiendo cómo sus paredes me apretaban al entrar y al salir.
—Absolutamente no —dijo, con la firme convicción de una mujer que ha tomado una decisión y está dispuesta a defenderla a capa y espada.
—Elena —dije.
—Marion —respondió, con el mismo tono, tan propio de ella que lo sentí en un lugar que no tenía nada que ver con el cuerpo.
Penetré profundamente y me detuve por completo; se