CAPÍTULO CUARENTA Y UNO (Elena) El espejo.
Lo dijo y abrí un ojo.
Me miraba como miraba las cosas que ya había decidido, que era la misma forma en que miraba todo, y yo estaba acostada en su cama a las tres de la mañana, con sus sábanas y su olor en mi piel, la lluvia aún golpeando las ventanas y el recuerdo específico de haber dicho "papá" unas cuatro veces esa noche, oprimido en mi pecho como algo que tendría que procesar más adelante, cuando fuera otra persona, con mejor juicio e instintos de autoconservación más funcionales.
Mi cuer