El silencio volvió a instalarse en la biblioteca tras las palabras de Stefano.
Santino no respondió de inmediato.
Permaneció sentado en su sillón de cuero oscuro, rodeado por estanterías llenas de libros antiguos, documentos y recuerdos de un mundo donde el poder se medía en sangre. La luz tenue de una lámpara apenas iluminaba su rostro, acentuando las sombras que endurecían sus facciones.
Se llevó lentamente la mano a las sienes, presionando con los dedos como si intentara contener el peso de