Berlín, Alemania
Viktor
Estoy estacionado a casi una cuadra del edificio. Apago el motor y las luces delanteras, por costumbre. O por paranoia. A estas alturas ya no distingo.
El apartamento de Emilia está frente a mí, a unos metros. Es el tercer piso y tiene un balcón amplio y ventanas con cortinas beige. Todo demasiado ordenado. Demasiado limpio y artificial.
Jodidamente normal.
Cruzo los brazos sobre el volante, sin bajarme del auto. No tengo que estar aquí.
No debería estar aquí. Pero clar