Berlín, Alemania
Viktor
La puerta se cierra detrás de ella con un clic suave, casi inaudible, y, sin embargo, resuena en mi cabeza como una explosión. El eco de sus pasos alejándose, los mismos que tantas noches esperé oír acercándose, ahora se pierden en la mansión como si el vacío la devorara poco a poco. No me muevo. No parpadeo. Solo me obligo a mantenerme de pie, aunque siento que el suelo bajo mis pies ya no está.
Me toma más tiempo del que debería abrir el maldito teléfono y escribir el