Berlín, Alemania
Viktor
Observo la espalda de Emilia mientras desaparece por la puerta, su respiración agitada resonando en el silencio del gimnasio, lo que me hace sonreír. Lo que vi en sus ojos no era solo sorpresa, sino confusión. Era esa lucha interna que tanto disfruto ver en las personas que creen saber qué es lo correcto y lo incorrecto.
Emilia no es la excepción. No huyó por miedo. Huyó porque su propio cuerpo la traicionó.
Cruzo los brazos sobre mi pecho y dejo escapar un leve suspiro