Stefano intentó incorporarse, pero el dolor lo hizo gruñir y caer de nuevo.
—¿Un hijo? ¿Con quién? ¿Con Marco? —Por un momento me pareció que estaba celoso, pero no, estaba segura de que tan solo era su ego.
Me le quedé viendo, quería gritarle la verdad, decirle que Lykan era suyo, que llevaba su sangre, pero me contuve. No le daría ese poder, no le daría nada.
—No te debo explicaciones —dije, con tono frío— tú me traicionaste, Stefano, me humillaste, no tienes derecho a preguntar nada, qué más