El claro se empezó a cubrir con una niebla espesa, los aullidos se escucharon por todos lados, eran gritos de guerra, filosos como colmillos, cargados de muerte. Los lobos enemigos habían cruzado los límites del claro donde los Alfas estábamos reunidos.
El Alfa anfitrión, rugió una orden.
—¡Defiendan el claro! —Al escucharlo todos nos pusimos en movimiento. Mi loba, Lira, rugía dentro de mí, lista para luchar. Marco intentó seguirme, intentó tomarme por el brazo, pero lo detuve con una mirada