Kael clavó en mí su fría mirada, yo también lo mire, fijamente, o lo miré, no hubo más palabras. su orden había sido filosa como un cuchillo, *Nadie vivo*. Y yo sería la mano que lo empuñara.
Me di la vuelta y salí de la cabaña, sentí el aire helado en la cara, no era un alivio. Era un recordatorio. El mundo afuera era duro, y yo lo sería más.
Marco estaba allí, esperando. Su rostro lo mostraba preocupado.
—Chiara —dijo.
—No —corté, no quería escuchar nada, caminé hacia los árboles donde mi ge