Volví al campamento, con el colgante que Stefano me había dado escondido dentro de mi ropa, no podía creer lo que casi pasó entre nosotros. Su cercanía me había dejado expuesta, había puesto su boca a centímetros de mi boca, no era parte del plan, y no había espacio para sentimientos.
Más tarde, mientras apilaba leña cerca del borde del campamento, vi a Livia acercarse a Stefano, que revisaba un arco junto al almacén. Su caminar era lento, cadencioso, como una pantera acechando. Se detuvo muy c