Punto de vista: Livia
Me sentía invadida por la rabia, no soportaba ver cómo la miraban. Esa sucia, esa mugrosa. Esa cosa insignificante que se hace llamar Naia.
Ayer todos me miraban a mí, ahora parecen no verme, y todo por esa bastarda que se apareció en la fiesta con ropa entallada, como si de pronto fuera algo más que basura.
Fabio vino a buscarme a mi cabaña, como siempre, pobre, es tan aburrido, hambriento, fácil de usar.
—¿Quieres olvidarte de la puta del momento? —le susurré.
Me miró, c