Por la mañana me desperté en medio de una especie de resaca, no pude dormir hasta la madrugada, tenía los músculos tensos, y sentía el estómago revuelto, el líquido que me dio la anciana seguía quemándome por dentro, había funcionado, mi olor alfa no estaba.
Me levanté arrastrando los pies, tenía que ayudar a realizar los quehaceres en la aldea, me dirigí hacia donde un grupo de mujeres remendaban algunas redes.
Y justo cuando creí que el día no podía joderse más, Livia apareció con su séquito.