Mundo ficciónIniciar sesión— ¿Eras virgen? — le dijo él con asombro.
Ella había cerrado los ojos cuando sintió la punzada repentina. Le dijo que si con la cabeza.
El estaba quieto, pero dentro de ella.
¿Cómo podía ser posible? Era una chica de 25, había ido a la universidad, no era una adolescente...
— ¿Porqué no me dijiste?— le reclamó.
— ¿Habría hecho diferencia? — dijo ella abriendo los ojos que estaban un poco llorosos por el momentáneo dolor.
Él pensó que al contrario, hubiese intentado tenerla desde antes. El pensar en todo lo que quería hacerle y ser el primero...uff era un plus...se moría por cogersela entera, su culo, su cara, quería dejar en cada parte de su cuerpo una huella. Marcarla a fuego para siempre.
Había chicas que vendían cara su virginidad, estaba empezando a considerar el asunto de los diez millones como la mejor inversión de su vida. Ella sometida a su capricho, las cosas no podrían haberle salido mejor ni aunque lo hubiera previsto. La haría suya en cuerpo y alma hasta sacarse las ganas, hasta saturarse de ella, haciéndole todo tipo de cosas en cada parte de su cuerpo.
— ¿Esperabas al príncipe azul?— preguntó con una mezcla de extrañeza con ironía, sin poder evitarlo. Mientras con sutileza se enterraba más profundo en el guante que era su vagina, su ajuste perfecto.
— No...y de haber sido así, hubiese obtenido un sapo de premio ¿no? — ella alzó la ceja y sonrió respondiendo a su ironía con otra.
Él inclinó su cabeza y mordió sus labios mientras movía con suavidad las caderas hacia adelante, sus manos apoyadas a los costados de ella para sostenerse.
El beso se hizo íntimo, y ella empezó a sentir excitación. Él se comenzó a mover con más ímpetu.
— Si, así, sii...aghh eres tan ajustada, me encanta como me aprietas...— el continuó las embestidas, llevó su cabeza a uno de sus pechos y comenzó a mordisquearlo y succionarlo y ella gimió sin poder evitarlo. El dolor fue reemplazado por placer y sentía el cuerpo ardido de deseo por ese hombre que odiaba pero la excitaba tanto.
— Quiero sentir como acabas para mi— dijo él, que se movió más rápido , haciendo fricción contra su clítoris y ella sintió una tensión en la zona baja de su vientre...luego de eso sobrevino la liberación. Un brutal orgasmo que la dejó con incontrolables espasmos.
— Si si, que hermosa eres, te siento venirte...voy a dejarte toda mi leche adentro...— exclamó él y acabó con un gruñido profundo dentro de su matriz, liberando una gran cantidad de semen.
Luego con cuidado, para no aplastarla, estando sobre ella se inclinó y la besó.
— ¿Estás bien ? — le dijo mirándola con cierta preocupación.
— Si...— tan bien como se podía estar en esa situación. Pensó ella mordaz, aunque no dijo más que esa palabra y luego calló. Apenas tenía aliento. La experiencia fue...impresionante, debía admitir. Quizá no era lo que imaginaba, pero a nivel sexual cubrió sus expectativas aunque jamás lo admitiría ante Matt.
Ella había buscado una chispa.
Él le había dado un incendio...con perspectivas de convertirse en un infierno. Esa era la realidad. No era un príncipe azul, era un lobo feroz...o un tiburón para el caso. Y la había devorado en todo sentido. Se sentía consumida en las llamas del erotismo que ,en ella, él mismo había encendido.
Matt se levantó, ella lo vió. Él buscaba el baño supuso. Lo encontró con rapidez pues su piso era chico. Estuvo un rato y unos minutos después volvió con la toalla húmeda y la limpió.
Ella tenía un poco de sangre entre las piernas. Él se había lavado ya. Matt limpió todos sus fluidos mezclados con los de ella.
—¿ Te duele? — le preguntó de manera gentil, a pesar de todo.
— Un poco...— admitió ella.
Él decidió que ya no la volvería a penetrar esa noche, pero seguía caliente. Ella era como una droga y él un maldito adicto a ella. Cómo su Viagra personal o un afrodisíaco.
Dejó la toalla a un lado, y atacó sus pechos de nuevo, lamió uno y otro hasta cansarse.
— Matt...
— Si...llámame por mi nombre, me calienta...
Él frotó su pene contra su clítoris mientras seguía lamiendo sus pechos y ambos acabaron de nuevo, él le llenó el vientre del líquido seminal y la volvió a limpiar. Luego de eso se, recostó con ella y ambos se quedaron dormidos.
Por la mañana, Brandy se levantó con una agradable sensación de placer entre las piernas. Él la estaba lamiendo y penetrando con sus dedos...La llevó, de nuevo, con facilidad al orgasmo. Quedó estremeciendose en un estado de semi inconsciencia.
Ella aún estaba abriendo sus ojos, de hecho, cuando él se puso sobre ella.
— Buenos días Bambi...— dijo y la besó de manera apasionada, haciéndole probar en su boca su propio sabor.
Ella no entendía porqué le decía Bambi. Quizá luego le preguntaría. Pero en ese momento, su cuerpo y su cabeza no estaban alineados y el playboy tenía otros planes para ellos.
Matt le metió el pene, está vez con más cautela, y comenzó a moverse despacio primero. Fue acelerando el ritmo de forma paulatina hasta que ella sin darse cuenta también empezó a mover sus caderas con las de él.
— Si, así nena, muévete para mí...voy a dejarte toda esa vagina virgen llena de leche otra vez, pero primero quiero sentirte apretándome el pene como ayer ...— gruñó él y se inclinó sobre su cuello para morderlo y lamerlo.
La combinación de esos besos en su cuello junto a las palabras de Matt hicieron que ella alcanzara el clímax. Levantó las caderas y abrazó su espalda arañandolo sin darse cuenta.
— Oh Brandy nena, te dejo todo adentro me fascina tu sexo — dijo él y se liberó. Dejando una cantidad de leche en su canal vaginal mientras aún la penetraba.
Cuando dejó de temblar, Matt sacó su pene y observó como el líquido blanquecino brotaba a borbotones de su vagina, dejándolo plenamente satisfecho y con ganas de más.







