Mundo ficciónIniciar sesiónEra raro ser la amante de ese hombre, pero más raro fue encontrarselo el lunes a la salida del colegio sin ningún tipo de advertencia.
De alguna forma, evidentemente, él había logrado averiguar donde trabajaba y eso la ponía un poco nerviosa. No le gustaba la sensación de sentirse controlada por Matt.
No había vuelto a hablar con su padre desde aquel día donde le pidió el famoso "favor". Y de hecho había faltado a su promesa pues fue, otra vez, sola a visitar a su madre. Era un maldito bastardo, pero no sabía de qué sorprenderse si prácticamente entregó a su única hija para saldar su deuda.
El domingo fue tranquilo, y ella aprovechó para preparar algunas cosas del colegio. Algo que hacía muy habitualmente y entraba dentro de su rutina 'normal'. De hecho, le sorprendió un poco el no recibir ningún mensaje de Matt.
Lo que ella no sabía era que Matt estaba haciendo un enorme esfuerzo para no parecer un desesperado o un animalito en celo, y de paso a su vez aprovechó para hablar con uno de sus abogados sobre el tema del contrato con su Bambi.
Averiguar donde trabajaba no fue difícil, aunque no pudo evitar sentir cierto recelo o celo a secas cuando la vió sonriendo y hablando con el padre de uno de los niños. Se sorprendió al darse cuenta de que no quería que le dedicase ese tipo de sonrisas a otra persona que no fuera él. Y eso lo hizo sentirse un poco raro.
La había ido a buscar en su deportivo, esa vez sin chofer. Aunque él tenía más de un auto, claro. Le gustaban mucho los autos y las motos, ese puntualmente era un Bugatti de colección.
Estaba cruzado de brazos apoyado en el capó del vehículo de forma despreocupada cuando ella se acercó moviéndose de forma sensual, aunque él no sabía si ella era del todo consciente de su sex appeal. La sonrisa que tenía anteriormente se fue desvaneciendo a medida que se acercaba más hacia él. Evidentemente no le había complacido mucho la 'sorpresa' de encontrarse allí con él.
— ¿Se puede saber qué haces aquí? Éste es mí trabajo, no se vería bien que se enteren que soy la puta de turno de un hombre rico — dijo con acidez haciendo algunos ademanes debido a su clara molestia por ello
— ¿Siempre eres tan amorosa con los padres de tus alumnos? — en cambio preguntó él, sin hacerse cargo de su reproche.
Ella respingó ofendida.
— Son niños especiales, y a veces se debe hablar con los padres sí, o que se supone, ¿que no hable con los padres de mis alumnos? Éste no es un colegio normal Matt, el trato es diferente y más cercano con los alumnos y su familia, no son números para nosotros como en cualquier otra institución. Espero que lo entiendas porque es importante para mí mi trabajo — ella se puso firme y también se cruzó de brazos. Tenía un vestido floreado, con unas sandalias. Se la veía juvenil y bonita, fresca. Inocente...
Él asíntió con la cabeza ,
— Lo entiendo...¿te subes? Tengo hambre...— dijo él y le abrió la puerta del auto.
Cuando él se sentó ella siguió.
— Tenemos que establecer reglas, ya te dije que no podés aparecert
El la cortó pues la tomó por sopresa del rostro y le dió un beso que la dejó temblando
— Así está mucho mejor — dijo satisfecho él poco después por haber cortado su diatriba —. Justamente traje el contrato e imaginé que podrías tener hambre, quería llevarte a un lugar que está cerca del río y el puente, es nuevo...salvo que solo quieras verme comer — dijo él sonriente.
— No, está bien...yo también tengo hambre...— respondió ella y luego calló. Miró hacia afuera durante el viaje y él la observó de perfil a su vez sorprendiéndose una vez más por su belleza.
Matt metió una mano bajo su vestido y la empezó a subir por su pierna. Así que una cosa llevó a la otra y de camino pararon en una calle desierta. Él tiró el asiento de ella hacia atrás, se montó arriba, sacó su pene de su bragueta, se puso un preservativo y la penetró con la habilidad de quién no hacía ese tipo de cosas por primera vez.
Se la cogió ahí mismo de manera muy ardiente.
Desabrochó los botones del frente de su vestido y sacó sus pechos de su brassier, que lamió con avidez.
— Nada se compara a sentirte piel con piel, pero debemos tomar precauciones... quizá podrías considerar tomar la pastillas anticonceptivas...— murmuró mientras se ponía el preservativo y ella no dijo nada. Las hormonas le hacían mal, ya había intentado una vez tomar, para dominar su ciclo irregular.
Él tenía razón, se sentía mejor piel con piel, pero igualmente tenerlo dentro la llenaba de placer.
Lo bueno del preservativo era que era más limpio, ya que le hizo un nudito al terminar y lo tiró en un cesto de residuos que tenía en el auto, también se limpió y le dió para limpiarse, unas toallitas húmedas.
Cuando finalmente llegaron al lugar, era un sitio precioso, casi construido sobre el río Hudson.
— No sabía que existía este lugar — dijo ella con sorpresa.
— Lo abrieron hace poco, es de un conocido chef — explicó él.
Servían pescado y pidieron varias cosas para probar de todo un poco. Pero antes de la comida, él le extendió el contrato.
— Aquí lo tienes, yo ya lo firmé...te lo dejo junto a una copia así tranquila lo puedes revisar bien...— dijo él.
Brandy asintió, un poco incómoda por la situación. Aunque ella lo había pedido, de repente se sintió como Anastasia de las 50 sombras de Grey, sin los látigos ni el cuarto rojo.
— Si no te molesta me lo llevo y lo reviso mejor en casa — respondió ella.
— Ningún problema, no tenía muchas esperanzas de que lo firmaras ahora...y por eso te lo dí con una copia. Para que te sientas más confiada y segura — dijo él. Pero ella se sentía cualquier cosa excepto pisando terreno firme junto a él aunque hizo un gesto de asentimiento con su cabeza.
La comida transcurrió de manera agradable. Él era un gran conversador o quizá era que sabía cómo captar su atención. Lo cierto era que el tiempo a su lado se le pasaba volando. Y cuando se dió cuenta, era de noche.
Él había pagado la cuenta, y se subieron nuevamente al auto.
— Me olvidé de preguntarte sobre tu madre, ¿cómo está ? — dijo él mirándola de reojo mientras conducía.
— Ahí anda — respondió ella esquiva.
— ¿Al final tu padre te acompañó?
— No recordaba haberte dicho eso — dijo ella alzando la ceja
— Lo hiciste en un momento — afirmó él.
Ella soltó el aire contenido en sus pulmones,
— No, el muy bastardo no vino...a último momento canceló, siempre hace lo mismo — dijo con enojo y fastidio. Si fuera por ella no tendría más contacto con él, todo lo que hacía, lo hacía por su madre y aún así se sentía frustrada pues no podía darle lo que más anhelaba la mujer: una simple visita del infiel infeliz de su padre.
— Si quieres puedo hablar con él...— ofreció Matt.
Ella alzó una ceja interrogante.
— Para que coopere, digo...por supuesto si quieres... — le aclaró.
— No, está bien... igual gracias por el ofrecimiento...— respondió ella.
Sin darse cuenta cómo, hablando con él se distrajo y de repente de un momento a otro, estaban frente a la puerta de su casa aparcando el auto...







