Mundo ficciónIniciar sesiónLas últimas semanas de mi embarazo fueron muy intensas. Una montaña rusa de emociones completa. Es difícil de explicar en resumidas cuentas todo lo que pasó desde que nos reencontrarnos con Matt hasta que nació mi princesa...bah, la nuestra...aunque por la cara de mi niña cada vez que lo ve estoy convencida de que cree de que él es su príncipe azul en vez del mío y estoy segura de que eso, más adelante, nos traerá bastantes dolores de cabeza. Lo único que me da plena satisfacción es que ella crecerá rodeada de amor, con un padre que la ama con su alma y que siempre estará velando por y para ella.
Primero y principal, decidimos mudarnos con Matt y la ansiedad por la llegada de nuestra princesa se vio acrecentada por los nervios de una nueva mudanza.Y no se trataba solo de elegir la casa, ese era el lugar en el que criaríamos a nuestros hijos juntos. Decidimos entonces que debería ser en pleno Manhattan, la dulce manzana, debido al trabajo de Matt sobre todo. Ninguno de los dos quería que el tráfico nos robase valiosas horas que podríamos estar compartiendo en familia juntos y ambos coincidimos en eso.
Un amigo de Matt banquero llamado Seven, a quien luego conocí entre otras personas importantes de su vida por supuesto, nos recomendó a Trudy Cochtran su agente de bienes raíces. Trudy resultó ser un sol que entendió a la perfección nuestros requerimientos y luego de ver un par de casas finalmente nos decidimos por una EMORME de tres pisos justo frente al Central Park, en el West Side de la ciudad. El precio era tan obsceno como el tamaño de la mansión que estaba hecha completamente a nuevo. Se trataba de una casa adosada que hasta contaba con un sótano, y una cava de vinos, con el frente en color blanco y ventanas que conservaban características antiguas con un toque moderno. Aparte con múltiples terrazas fuera de las habitaciones y una espectacular terraza en la azotea principal dónde Matt pidió que instalaran un Jacuzzi escondido en el jardín semi artificial.
Aparte con un salón gigantesco seguido por un bar con fregadero, dos chimeneas, sala de estar y un comedor donde podríamos alojar tranquilamente a dos equipos de fútbol para cenar, incluso le dije a Matt que cuántos hijos pensaba tener por el tamaño gigantesco del lugar. Pero él no quería escatimar en nada.
Yo creo que de alguna forma estaba compensando el tiempo que pasamos separados aunque yo no le pedí nada desde ya.
Desde el día que volvimos a estar juntos, nunca más nos separamos. Me acompañó a cada control, a cada ecografía e incluso al curso de preparto. Y si yo creía que como madre primeriza era exagerada debieron ver al que se convertiría luego en mi marido...
Volviendo a la casa, la suite principal abarcaba todo el segundo piso con un baño doble revestido de mármol de carrara y dos enormes vestidores que yo le dije a Matt que no tenía con qué llenar... Evidentemente él seguía creyendo que yo era una mezcla de Carrie Bradshaw con Gloria Vanderbilt en ese entonces.
Para que tengan una idea la casa tiene un puto elevador, ¿increíble no?. Aparte de una oficina para Matt y no les cuento lo que es la habitación de nuestra princesa...
Aparte de que tenemos varios cuartos de invitados, que Matt prometió llenar con más niños pero realmente no sé si ya pueda con tanto.
Por supuesto aún con gente de servicio pero ...yo soy una chica simple, nunca soñé con un ejército propio de mucamas...supongo que eventualmente lo terminó de entender.
Igual estoy convencida de que Matt compró la casa por su pequeña cancha de baloncesto, aunque él me jure y perjure que no fue por eso.
Supongo que si no le doy un equipo de football ¡me va a pedir el de básquetbol seguro!
A pesar del estrés que viví durante ese tiempo no les voy a negar que fue una de las etapas más maravillosas de mi vida. El sexo el último tiempo fue aún más increíble todavía y con las hormonas a tope no lo dejé respirar ni un segundo tranquilo. Me convertí en una ninfómana, lo admito.
Pero lo mejor es que él ya no escondía su mirada cuando hacíamos el amor y podía ver en sus ojos la adoración por mí...eso me llenaba de alegría el corazón.
El día de mi parto, había empezado con molestias la noche anterior, aún así tuve mí dosis de amor guiño guiño. Y por la mañana repetimos, aparte el doctor me dijo que el líquido seminal ayudaba a inducir el parto entonces era una tema de salubridad...o así se lo presenté a Matt un día en que se excusó diciendo que ya le dolía...pero creo que en el fondo bromeaba conmigo...aunque también descubrí que estando pesada sumado a su debilidad por mí, me daba una ventaja natural así que lo monté varias veces incluso pese a sus negativas...y no, no lo violé, les juro que él quería, créanme.
Como yo seguí trabajando en el colegio, ya las dos últimas semanas preferí tomarlas para la niña y para mí también...para estar más tranquila, sobre todo cuando llegué a término y la pequeña no se decidía a salir.
Matt me vió esa mañana con molestias y tal vez por eso decidió regresar mucho antes de lo habitual. Para ese entonces yo ya me había metido en la tina como me dijo el médico pero los dolores iban y venían. Matt se puso muy nervioso y enseguida agarró el bolso aunque yo le insistí en que aún nos quedaba un poco más.
Cómo tenía hambre aún en esa situación,y no saben todo lo que devoré por esos días, le pedí a Matt que calentara una pizza congelada mientras yo me cepillaba el cabello, ya que había decidido lavarlo en medio de ese proceso aunque lo dejé secándose de forma natural.
Él iba y venía sin poder creer la naturalidad con la que manejaba todo yo, pero honestamente, a pesar de ser primeriza en ese momento no me sentía intranquila. Quizá era porque sabía que estaba él...o no sé bien qué...
Cuando me tomé el ascensor para bajar hasta la cocina un líquido descendió por mis piernas anunciando que obviamente rompí fuentes lo cual me apenó mucho porque realmente tenía hambre. Deberían haber visto el rostro de Matt cuando me vió entrar con las piernas chorreando y agarrar un trozo de pizza.
Les juro que creí que mi hombre se iba a desmayar allí mismo, nunca lo vi tan pálido, ni correr tan rápido cómo luego de eso.
Me cargó con bolso y todo en brazos hasta el auto, creo que apenas si cerró la puerta y fue un milagro que no nos hayan robado ese mismo día.
Condujo como un loco hasta el hospital, desoyendo mis palabras. Llamando al médico de forma desesperada pese a que yo le aseguraba que estaba todo bien pero entre nos, en un momento las contracciones empezaron a ser más dolorosas y me preocupé un poco pero temí que de decirle a él, seguramente hubiésemos tenido un accidente.
Luego me dijo que alabó mi entereza, mientras él estaba hecho un completo manojo de nervios. Que sintió realmente como si fuera él quien iba a dar a luz y siendo que era algo novedoso para nosotros dos no podía comprender del todo mi absoluto estado de tranquilidad.
La realidad era que hasta que no empezaron "las dolorosas" como luego las bauticé, estuve muy bien...e incluso con esas contracciones utilicé algunas técnicas de respiración que me ayudaron a controlar el dolor.
Para cuándo llegamos al hospital era definitivamente de noche, aunque honestamente no recuerdo la hora exacta. Solo la oscuridad que nos rodeaba y una luna llena enorme que iluminaba nuestro camino.
Una vez que llegamos a la puerta más precisamente y que salió como un loco a anunciarnos, un joven enfermero trajo una silla de ruedas mientras un Matt enloquecido dejó tirado el auto allí se los juro por Dios. En esas instancias me ponía más nerviosa verlo a él todo descontrolado que el parto en sí mismo.
Una vez dentro, a Matt le dieron unos papeles para completar mientras me llevaban a una lujosa habitación. Los médicos y parteras llegaron poco después, casi junto con Matt, para realizar el reconocimiento. Ellos me confirmaron que todo estaba bien, que había empezado ya a dilatar y que debía controlar el tiempo entre contracciones aunque ellos también vendrían a chequear.
Fue a la medianoche, cuando todo se intensificó. Las contracciones se pusieron cada vez más intensas, así como el dolor que se iba agudizando de manera progresiva y sin darme tregua... y ahí sí que me empecé a acordar de Matt y cada uno de sus jueguitos sexuales pues a pesar de caminar, agacharme y flexionarme el dolor no menguaba para nada. Me dí otra ducha acompañada por él, que a pesar de sus nervios fue mi pilar en ese momento. Para ese momento sí ya sentía más nervios, y las parteras que entraban y salían a cada momento (eran dos) no hacían nada por alivianar mi
nerviosismo.
Así que luego de salir del baño con una bata de toalla, retorcida del dolor Matt me llevó a la cama donde me ayudó a respirar como nos habían dicho en las clases.
— Solo inhala y exhala, como nos enseñaron — me decía y aunque yo asentía con la cabeza no prestaba tanta atención. Si bien sabía que podía con eso, siempre hay una cuota de miedo (para que negarlo).
Creo que él percibió algo de lo que yo sentía en esos instantes, porque me besó, me tomó fuerte de las manos, me dijo que todo estaría bien...que yo podía, que él estaba ahí...y de solo sentir que Matt estaba así ahí conmigo un elixir de ánimos inundó mi cuerpo adolorido.
Una de las parteras entró en ese entonces y me hizo un tacto. Miraba curiosa y finalmente me informó que tenía casi tres centímetros de dilatación. O sea, faltaba más aún todavía. Pero ya saben lo que dicen, las cosas más importantes vienen con dolor en esta vida.
— Falta un poco más, vienes bien así...— me dijo la mujer y yo asentí con la cabeza.
Solo le pedía a mi princesa que se diera a conocer al mundo, que ya no me hiciera sufrir más. Incluso en un momento confieso que me puse a llorar creyendo que ya no aguantaría más el dolor. Quería drogas, quería que saquen a la bebé de mi cuerpo a como diera lugar.
Al principio había rechazado la idea de la epidural ,me dije a mi misma "Brandy, si tus ancestras pudieron tu también podrás". Pero creo que hubo un momento en que mi empoderamiento se fue a la m****a y aunque esa aguja me hizo ver las estrellas también fue de gran ayuda para lo que siguió luego de eso.
Eran las 7.30 de la mañana, prácticamente el horario en que Matt se levantaba para ir a trabajar todos los días, cuando las contracciones comenzaron a ser mucho más seguidas que antes y tal como me dijeron, el tiempo entre una y otra comenzaba a acortarse.
Creo que le dejé los brazos amoratados a Matt, aunque ya no sentía el dolor de antes había cierta intensidad en cada contracción que era inevitable.
También creo que pasé por todas las etapas, desde acordarme hasta de la abuelita de Matt, hasta reírme o llorar.
— Tu puedes Bambi — me decía él todo el tiempo, sosteniendo mi mano, mi cuerpo y dándome aliento.
Sé que tuve el mejor compañero de parto de todo el mundo y me alegré enormemente de no tener que pasar esa experiencia también en soledad.
La conexión entre ambos en esos momentos fue crucial, no se los podría explicar en palabras. Pero aunque sé que sin él hubiera podido igual, fui feliz de estar a su lado en uno de los momentos más importantes de nuestra vida, el parto de nuestra primer hija.
Hubo un momento en que entró una de las parteras a controlar, y luego salió.
Ya la próxima que volvió fue con el doctor.
— Bueno Brandy, ahora viene lo mejor — me dijo sonriendo con calidez.
Escuché que decían que mi niña estaba coronando, que debía pujar más fuerte.
Empujé una vez, dos veces.
— Necesito que empujes con todas tus fuerzas YA — me dijo el médico demandante.
Matt me miró con amor y me apretó fuerte la mano mientras yo sudaba más que testigo falso en medio de un juicio. Me miró fijo y me dijo:
— Podemos hacer esto Bambi, saca todas tus fuerzas...yo sé que puedes cariño...
Pensé en mi madre en algún lugar desde el cielo observandome y pegué un grito ensordecedor, haciendo una fuerza casi inhumana para sacar a mi hija de lo más profundo de mis entrañas.
Nunca olvidaré el llanto agudo de mi beba al nacer ni la cara de Matt. Nunca lo había visto llorar hasta ese momento. La alegría, la felicidad, la sorpresa. Yo lloré también, de alivio y felicidad.
Me pusieron enseguida a mi bebé en mi pecho y vi la carita más preciosa y perfecta que conocí en toda mi vida. Dicen que los bebés nacen feos y arrugados, pero mi niña tenía unas mejillas redonditas. Conté sus deditos y besé su frente ensangrentada y llena de fluidos mientras Matt nos abrazaba a ambas. Mi niña estuvo en mi pecho cálido un tiempo antes de que se la llevaran para limpiarla y controlarla.
Matt cortó el cordón y el médico concluyó el trabajo. Pasaron muchos minutos, no podría precisar cuántos, hasta que se llevaron a la niña para controlarla finalmente y Matt los acompañó.
La sensación de plenitud a pesar del vacío en mi vientre era inmensa y cuando después la tuve en mis brazos de vuelta observamos incrédulos con Matt el milagro de la vida que habíamos hecho en nuestros momentos de mayor pasión, casi sin poder creerlo.
— Es tan hermosa — recuerdo haber dicho.
— Es perfecta, igual que tú...— me dijo él y me dió un beso dulce en los labios. Tanto amor sentía en el pecho... Agradecí a mi mamá en dónde estuviera...De alguna forma sentí su presencia. Ella estaba allí conmigo también.
Una vida me había sido arrebatada pero otra me había sido dada. Y a pesar del dolor por su partida me sentía llena de dicha.
Mucho después, con la niña durmiendo en mi pecho y yo siendo abrazada por Matt aún estupefactos ambos del milagro del que habíamos sido testigos nos replanteamos el tema del nombre.
Si bien lo habíamos hablado, no estábamos aún convencidos.
— Qué te parece Patty — me dijo él en ese momento sin confesarme aún la apuesta de la que había formado parte con su íntimo amigo Patrick Harrison Falcone.
Pues resultó que el segundo nombre de mi madre era Patrice, y muchos le decían cariñosamente Patty...y yo estaba completamente segura de no haberlo charlado con él en ningún momento previo a eso, porque era una forma muy personal de llamar a mi madre y los nombres que habíamos discutido no tenían nada que ver con Patty. No sé si estaría esperando el momento del nacimiento para animarse a proponerlo.
Luego conocí al duende maligno de Patrick, y no pude enojarme con él...no sé si es posible que alguna mujer se enoje con ese hombre tan adorable.
Recibimos las visitas de la familia y un par de amigos de Matt. También vinieron Trish y Pablo, éste último trajo un oso tan grande que juré que no se lo iba a perdonar jamás.
Mi padre no vino. No sé si Matt le avisó pero tampoco me importó.
Pues ahí, entre Matt, la princesa y yo...estaba mi verdadera y única familia.
Nota de la Autora: Aunque algunos lugares y eventos son reales, tanto los personajes como los sucesos de esta historia son ficción. Cualquier similitud con hechos y personas de la vida real son pura coincidencia.







