Capítulo 12. La farsa del sábado

El sol de la mañana entraba por el ventanal del despacho, iluminando las motas de polvo que bailaban en el aire. Me desperté temprano, con una determinación meticulosa. El resentimiento de la noche anterior había desaparecido, reemplazado por la necesidad de restaurar el orden. Fui a una florería exclusiva antes de que la ciudad despertara. Elegí dos docenas de rosas rojas, esas que parecen casi negras en los bordes, y una caja de bombones belgas. El detalle perfecto para disipar cualquier "mal
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