Capítulo 13. La estrategia del silencio
El lunes por la mañana, en la casa reinaba un silencio espeso, casi eléctrico. Federico se había marchado temprano, con esa prisa calculada que ya reconocía como señal de huida. Los niños estaban en el colegio y, por primera vez, el silencio no me sofocaba; me daba la claridad necesaria para ejecutar el plan que Lucía y yo habíamos trazado horas antes.
Antes de que el caos escolar comenzara, tuve que ser madre una última vez antes de convertirme en la sombra que Federico temería. Mateo me buscó