Capítulo 56. La sombra en el camino
La tranquilidad en la finca de Veracruz se sentía dulce, pero tenía un borde filoso. Aunque el juez de la capital había firmado la orden de restricción y las cuentas de Federico estaban congeladas, Víctor no bajaba la guardia. Me había repetido más de una vez que un hombre acorralado es más peligroso que un animal salvaje, porque ya no le importa romper las reglas cuando siente que lo perdió todo.
Aquella tarde, el cielo sobre el campo tenía un color gris plomo que anunciaba tormenta. El viento