Capítulo 53. La prueba de la verdad.
El aire dentro de la sala de audiencias del juzgado familiar era denso, impregnado de ese olor característico a papel viejo, desinfectante barato y tensión acumulada. El murmullo de las luces fluorescentes del techo parecía marcar un pulso ansioso, una cuenta regresiva para el momento en que mi vida dejaría de estar en el aire.
Me senté en el estrado reservado para la parte actora. A mi izquierda, el Licenciado Martínez organizaba de manera metódica un fajo de carpetas de color paja, ajustándos