Capítulo 5. La Arquitecta de las sombras
La culpa que Federico me había inyectado en el pecho durante la cena seguía latiendo como un pulso doloroso al día siguiente. Sin embargo, en cuanto los niños entraron al colegio, la atmósfera de mi vida cambió drásticamente. Me quité el delantal impecable y, con él, la máscara de esposa perfecta. Conduje lejos de nuestra burbuja, hasta una zona industrial algo apartada de la Ciudad de México, donde un pequeño estudio de remodelación se ocultaba tras una fachada sin nombre.Era mi secreto mejor guardado: "Espacios con Alma", una pequeña empresa de diseño y remodelación que fundé con mi mejor amiga, Lucía. Para el mundo, y sobre todo para Federico, yo era solo una madre dedicada a la disciplina del hogar. Pero aquí, rodeada de muestras de texturas, planos arquitectónicos, maquetas a escala y el aroma intenso a pintura fresca y madera tratada, yo era Rosa: la arquitecta, la creativa, la mujer que sabía cómo transformar lo roto en algo bello. Aquí, las reglas no las imponía él; aquí, las
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