Damián Feldman.
Las palabras de Valeria eran solo ruido en mis oídos. Hermosa, sí, pero exasperante. No podía verla como a una mujer… porque esa palabra solo tenía un rostro, Amelie. Aun siendo la esposa de mi padre, porque todavía no se firmaba el divorcio, allí estaba yo, envuelto en una locura insaciable. Delante de mí, una supermodelo se deshacía en insinuaciones, y yo… solo podía pensar en ella.
—Valeria, debo irme. Gracias por la invitación. —Me levanté bruscamente de la mesa, pero sus d