PROFUNDOS CELOS.
Narrador Omnisciente
Mientras tanto, Soraya, con el corazón desbocado, observaba cómo las puertas del ascensor se cerraban frente a ella. No insistió en alcanzarlo, no gritó ni golpeó el metal como haría cualquiera desesperado. En cambio, retrocedió de golpe y echó a correr por las escaleras de emergencia, bajando los escalones de dos en dos, impulsada por un presentimiento que la consumía. Su respiración se entrecortaba, pero sus pasos eran veloces, rabiosos, hasta que alcanzó el primer piso.