Amelie Manson
Noté cómo Damián palideció ante el teléfono antes de clavarme la mirada.
—Amelie, debo irme, pero tenemos una conversación pendiente.
—No te preocupes por mí, Damián. No hay nada pendiente.
Salió corriendo hacia su auto. Cerré la puerta y, apenas sentí su ausencia, respiré a bocanadas, tratando de recuperar la compostura. Mis ojos cayeron sobre los papeles del divorcio sobre la mesa. Los releí una y otra vez mientras acariciaba mi vientre. Estaba renunciando a todo, pero me queda