Narrador omnisciente
Un par de días después, Amelie volvió a Feldman. El edificio se veía distinto a como lo recordaba; no era solo la decoración ni las luces más apagadas, era la sensación de vacío en los pasillos. Menos empleados de los que ella recordaba, y eso era señal de declive. Aun así, no se dejó vencer por la nostalgia. Caminó con paso firme hasta su antigua oficina, que la nueva secretaria le abrió con una sonrisa nerviosa. La ayudó a instalarse, a organizar algunos papeles que esta