Damián Feldman.
Desde el momento en que salí del hospital, no pude controlar el oscuro sentimiento que se había formado en mi interior, ni las malditas ganas de acabar con Armando, Rosalía y Lorenzo. Eran tan avaros e impensablemente malvados, que ni siquiera les había importado acabar con la vida de unos bebés para lograr su objetivo. Estaba convencido de que Rosalía sola no tendría la capacidad para semejante monstruosidad; había manos detrás, mentes más calculadoras y crueles. Y ellos eran l