Amelie Manson
Entonces mi corazón vibró de alegría en el momento en el que él me hizo su propuesta. Nunca antes me imaginé que la idea de casarme fuera tan maravillosa como tener el anillo de diamantes que Damián colocó entre mis dedos, y todo se convirtió en magia.
Mi familia aplaudió, y aunque en un comienzo odiaban a Damián, desde su regreso —o más bien, desde mi regreso—, él se había convertido en parte de nuestra vida, además de que nos ayudaba demasiado.
—¡¡Me voy a casar!! —grité emocion