Punto de vista de Lila
No dormí.
Ni un minuto. Las fotos de Jamie estaban en la mesita como pequeños cuchillos, su sonrisa congelada en ese papel brillante, el lobo de peluche bajo su brazo mirándome con ojos de botón negros. Ginebra. Se suponía que estaba en Ginebra, a salvo en esa clínica blanca con enfermeras que sonreían demasiado y máquinas que pitaban suave y constante. Leander lo había prometido. Lo había jurado por todo. Pero la fecha en la foto decía 7:12 a.m. de hoy, y el lobo parec