Sofía
Caminaba rápido por el pasillo, tratando de regular mi respiración después de ese encuentro con mi padre y… con él. Sentía mi pecho apretado y mi mente daba vueltas como licuadora sin tapa.
Apenas y podía enfocarme en nada más que en lo que acababa de pasar. Y en esa mirada. Esa mirada color miel que sentí clavada en mí como una caricia ardiente.
—Sofía —escuché la voz firme de mi tía, la madre superiora, llamándome.
Me detuve en seco, parpadeando. Mi corazón seguía acelerado, y mi mente