Fernando
Bajé la cabeza, sintiendo un nudo extraño formarse en mi pecho cuando escuché la voz temblorosa de la hermana Teresa.
“Tu padre y tu prometido te esperan en la oficina de la madre superiora.”
El mundo se detuvo un segundo. Mi respiración se cortó a la mitad y sentí que el calor me subía desde el estómago hasta el cuello. Fue tan rápido y tan abrumador que tuve que cerrar los ojos para no traicionarme con mi expresión.
Prometido.
Esa palabra resonaba como un eco maligno en mi cabeza. Me