Sofía
Corrí por los pasillos como si me persiguiera el mismísimo demonio. Escuchaba mi respiración agitada, sentía el velo moviéndose tras de mí, los latidos en mis sienes tan fuertes que parecían un tambor africano, tum, tum, tum…
Llegué a mi habitación, cerré la puerta de un portazo y me dejé caer de espaldas sobre la cama. Una carcajada salió de mi pecho sin poder controlarla. Tapé mi boca con ambas manos, temiendo que alguien me escuchara, pero era imposible borrar esa sonrisa de oreja a or