Sofia
Me miré por última vez en el pequeño espejo de la habitación. Tenía el velo bien puesto, las ojeras un poco disimuladas y los labios partidos de tanto mordérmelos Suspiré. Me dolía el pecho, como si algo estuviera apretando mis costillas y no me dejara respirar bien. Tomé aire y me giré para ver mi cama perfectamente tendida, bueno es que mientras el padre Fernando llevaba mis maletas yo volvía por mi cuaderno de notas.
—Bueno, Sofía… —me dije en voz baja, tratando de darme ánimos—. Es h